La diferencia no es de grado. Un asistente conversacional espera a que alguien le pregunte y devuelve texto. Un agente autónomo arranca solo, decide qué necesita saber, va a buscarlo, ejecuta las acciones que hagan falta y deja el resultado hecho.
Construimos agentes para cualquier tarea que hoy consuma horas de alguien: leer y procesar documentos, operar sistemas ajenos, vigilar procesos, dirigir un área o hacer un trámite de principio a fin. Con frenos en el código y una persona respondiendo por lo que tiene consecuencia.
Cinco piezas. Si falta alguna, lo que hay es un asistente conversacional con buen aspecto, y se nota el día que hay que ponerlo a trabajar solo.
Arranca por horario, por evento o porque algo cambió. No espera a que una persona abra una pantalla y escriba.
Un conjunto cerrado de operaciones que puede invocar sobre sistemas reales, cada una declarando si lee, si escribe o si es destructiva.
Sabe por dónde iba, qué ya intentó y qué le falta. Puede retomar después de un fallo sin empezar de cero.
Qué puede hacer sin preguntar y qué no, verificado en el servidor. No en una instrucción que el modelo puede desobedecer.
Qué consultó, qué decidió, con qué evidencia y cuánto costó. Cada paso, reproducible.
No todas las tareas piden el mismo tipo de agente, y confundirlos es la causa más común de que un proyecto no llegue a producción. Pulse un tipo.
El tipo más exigente y el que más trabajo quita. Toma la entrada por donde ya llega —un correo, un archivo, un evento— y la lleva hasta el resultado terminado, deteniéndose solo donde hace falta criterio.
No son casos de estudio de otra empresa ni pilotos que se quedaron en el demo. Son agentes que corren todos los días sobre operaciones reales, y cada uno tiene su página con el detalle completo.
Del correo con los documentos al borrador de la declaración lista para revisar.
Dirige la empresa o un área: lee todo, cruza el día y le arma la agenda a cada persona.
Tres modelos proponen la subpartida, un combinador de código fusiona y un experto firma.
Verifica una contraparte contra 216 listas y registros, y guarda la evidencia de cada fuente.
Revisa todos los servidores cada mañana, investiga lo que le llama la atención y entrega el informe.
Sesenta y tres procesos construidos, cincuenta corriendo hoy, que operan sistemas ajenos sin que nadie los abra.
La pregunta que decide si un agente es defendible o temerario no es qué tan listo es: es qué puede hacer sin preguntar. Y eso no se define con una instrucción al modelo, porque una instrucción se puede desobedecer.
Cada agente se diseña con un nivel de autonomía explícito por acción. Deslice el nivel y vea qué cambia.
El agente hace el trabajo completo y lo deja en estado de borrador. Nada de lo que produce tiene efecto hasta que una persona lo aprueba. Es el nivel de la mayoría de nuestros agentes operativos.
El agente solo puede invocar operaciones de una lista definida. Lo que no está, no existe para él.
Cada operación dice si solo lee, si escribe o si es destructiva, antes de invocarse.
Se verifica donde vive el dato, no en la pantalla. Saltarse la interfaz no sirve de nada.
Presupuesto por capacidad, con alerta y con corte. Un agente en bucle no puede vaciar la cuenta.
Se apaga desde la configuración cuando el portal del que depende se cae o algo se comporta raro.
Lo que se bloqueó también queda en el registro, con quién lo pidió y por qué se negó.
La mayoría de los agentes que fracasan lo hacen porque nadie escribió antes qué significa que el trabajo esté bien hecho. Pulse un paso.
El paso que se salta casi todo el mundo, y por el que fracasan casi todos los agentes. Si nadie puede decir qué es un resultado correcto, no hay forma de saber si el agente sirve.
No toda tarea merece un agente, y decirlo es parte del servicio. Marque las que apliquen a la tarea que tiene en mente.
La tarea reúne casi todo lo que hace falta. Es de las que suelen funcionar bien.
«No es un software estándar. Es una solución que se construyó pensando en nuestras necesidades, lo que nos da agilidad y seguridad en cada proceso de comercio exterior.»

Eso es todo lo que necesitamos para empezar: qué hace, cada cuánto, sobre qué sistemas, con qué información y cómo se sabe que quedó bien. Con eso le decimos si un agente sirve, qué tipo sería, con cuánta autonomía y qué haría falta para construirlo.